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miércoles, 13 de octubre de 2010


Frisaba los catorce años cuando Jerónimo hubo de trasladarse con la familia a Toledo (1559), siguiendo a la Corte Imperial, en la que su progenitor desempeñaba el oficio de secretario y traductor de lenguas.

Aquí prosiguió los estudios con maestros tan acreditados como Cedillo y Alvargómez. También se inició en el estudio de las artes bajo el magisterio del doctor Perea. A estas alturas eran ponderadas con entusiasmo sus cualidades y dotes para el estudio.

El padre deseaba que Jerónimo aprendiese el oficio de secretario de Corte y prolongase la tradición familiar, como harán luego sus hermanos Antonio y Tomás. Jerónimo se inclinaba por los estudios universitarios, pese a la penuria de medios económicos de la familia.

viernes, 3 de septiembre de 2010

En las manos de Dios


Biografía del padre Gracián

No consiguiendo probar ninguna de las
acusaciones y calumnias, sus enemigos pasaron a
preparar su alejamiento de la península ibérica
(Portugal y España). Primero, le destinaron a
México. Pero cuando estaba preparando el viaje
para el Nuevo Mundo, las calumnias y acusaciones
contra él, contra las monjas descalzas y todos
aquellos que le tenían como guía, se volvieron
más intensas y maliciosas. Herido en sus
sentimientos más íntimos, decidió defenderse a sí
mismo y la obra teresiana que Doria y sus
seguidores estaban intentando destruir.
Infelizmente, no consiguió hacer que sus
perseguidores y detractores volvieran atrás. En su
declaración de defensa fue tan claro y concreto
en la descripción de los métodos mezquinos
utilizados por sus enemigos que, en vez de
asustarlos o detenerlos, provocó todavía más el
furor de sus enemigos haciendo que estos se
tornasen más duros y obstinados.
La orden de ir a México se suspendió. Pero esto
no significó una tregua; al contrario, fue un ataque
directo y demoledor el que iba a comenzar. Se
instauró un proceso formal contra el padre
Gracián (octubre de 1587) donde debería
responder a las acusaciones formuladas contra él.
Desde el primer “examen”, escapó con la ayuda
de numerosos testigos, favorables a él, hasta
llegando a proclamar su santidad. Los miembros
del “tribunal” deben haberse quedado atónitos y
llenos de pánico, pues no esperaban una defensa
tan brillante y tantas declaraciones a su favor. No
tuvieron otra salida sino andar con más cuidado y
prudencia en cuanto a un celo que no pasaba de
ser puro pretexto para dominar y apropiarse de
lo que no les pertenecía: el carisma teresiano.
Pero el orgullo y la codicia no van de acuerdo
con la prudencia y la caridad. No se consiguió
ninguna tregua. En determinada ocasión recibió
una amonestación respecto de algunas “faltas”;
inmediatamente recibe una intimación (15 de
marzo de 1588) para que se presente en Madrid
y responder, delante de sus superiores, para que
justifique su reincidencia en ciertos “errores” y
“faltas”. Rápidamente y con humildad atiende a
esta intimación; quizás pensaba que le darían una
oportunidad de explicarse. Pero la escena que
habían montado era otra: le niegan el derecho de
defensa, escrita o hablada, y le ordenan que viaje
inmediatamente para México.
Si el hombre propone, Dios dispone – nos dice
un refrán -, y así sucede en este caso. Estaba
Gracián preparándose para viajar a México
cuando llegan órdenes de las autoridades de
Portugal y España encargándole nuevas misiones
en tierras portuguesas. A esta orden le sigue
inmediatamente otra, del Nuncio en España, Don
César Speciano, prohibiendo que Gracián salga de
Portugal. Por el momento, Gracián estaba fuera
del alcance de Doria y sus seguidores
La permanencia de Gracián en Portugal puede
ser entendida como un periodo de tregua, pero
no de olvido y deseo de condenarle. Durante
este tiempo sus amigos y admiradores trataron
de juntar documentos y testigos abundantes para
demostrar tanto la inocencia del P. Gracián como
su vida ejemplar. Pero cuando el lobo se quiere
comer al cordero – como en la fábula de La
Fontaine – siempre encuentra una disculpa. De
poco sirvió esta enorme cantidad de hechos
favorables sobre la inocencia de Gracián. Aquellos
que trabajaban contra ella se hacían los sordos:
nada les convencía, era como si el acusado
(Gracián) ya estuviera condenado de antemano.
El éxito de sus actividades en Portugal,
reconocidas por las autoridades eclesiásticas y
civiles de aquel país, comenzando por Don
Teutonio de Braganza y por el Cardenal
Alberto, agitaba el ánimo persecutorio de los
dorianos. Gracián fue obligado a presentarse para
dar explicaciones, en Capítulo, dentro de la propia
comunidad lisboeta delante de religiosos
manipulados por los superiores de la Consulta.
Gracián estaba en Portugal hacía dos años. Su
licencia había llegado al fin. Ahora se encontraba
sin el apoyo de Don Teutonio de Braganza y del
Cardenal Alberto – ellos no podían interferir en
los asuntos de la Orden. Doria vio que este era el
momento oportuno e instauró contra él un
proceso regular. Ordenó que se presentase en
Madrid antes de 25 días. Esta fue la carta que el P.
Doria envió al P. Jerónimo Gracián: “Fr. Nicolás de
Jesús María [Doria] Vicario General de la
Congregación de los Carmelitas Descalzos. Por
cuanto se ha determinado en nuestro Definitorio
que venga a este convento de S. Hermenegildo
de Madrid el P. Fr. Jerónimo de la Madre de Dios,
religioso de nuestra Orden, que al presente está
en nuestro Convento de S. Felipe de Lisboa: por
tanto, por el tenor de la presente, le mando que
dentro de 25 días, contados desde el día de la
fecha désta, se presente en éste dicho convento
(...). Madrid, 3 de junio de 1591. Firmado: Fr.
Nicolás de Jesús María”.
Como una declaración de obediencia, Gracián
llegó a Madrid exactamente el día 28 de junio
cumpliendo así, con los días exigidos, la orden que
le había sido dada por el P. Doria.

sábado, 2 de mayo de 2009

EN LAS MANOS DE DIOS...de la biografia del P.Gracian


'SIEMPRE HEMOS DE ANDAR JUNTOS'

Teresa de Jesús y Jerónimo Gracián.


Al P. Gracián le llegó la noticia de M. Teresa el 22 de octubre de aquel año de 1582, estando en Beas de Segura, lugar a donde se habían encontrado por primera vez en la primavera de 1575.


Ese día y los siguientes escribió una especie de diario sobre lo vivido,

páginas que son una delicia espiritual en donde se puede palpar el cariño entrañable

de este hijo para con su M. Teresa y los sentimientos que le embargaron esos días.


En dichas páginas llama a M. Teresa con el nombre de Angela y él se nombra a sí mismo

con el nombre de Eliseo, pues en vida usaban dichos pseudónimos en las cartas.


Aqui, siguen unos párrafos de dicho diario para que entren en los sentimientos del P. Gracián

y en lo vivido esos días...


“22 de octubre del año de 1582.

Este día como a las cuatro de la tarde, supo Eliseo que Angela se había subido al cielo a gozar

de Dios. Y luego hizo lo que otras veces suele en semejantes golpes, que es acudir al Santísimo Sacramento y amarle como aquel que es infinitamente bueno e infinitamente consuelo.
Al cabo de un rato hablaba a su Virgen con aquella gravedad a blandura que suele, y le aseguró riéndose “Aquí estoy, ¿qué Madre te falta? Yo soy tu Madre”.



Fuese a acostar atribulado y afligido; y aunque durmió luego algo, luego despertó presto;

y no estando la cabeza para ello, no se atrevió a levantar, mas allí en la cama parecióle

que veía a su Angela cabe sí, alegre, y dijo estas palabras:

“Aún no me he apartado, que siempre hemos de andar juntos, y ahora te ayudaré de veras”.


Eliseo le dijo:

“Angela, hazme heredero de los bienes que acá tenías, pues me queda el cuidado de las almas de tus hijas”.
Aquí parece que le daban a Eliseo unas ganas de mudarse el nombre y llamarse Jerónimo de Jesús. Y así, se quedó rogando a Cristo y a la Virgen y a Angela que le diesen los bienes

de Angela y parece que le daban luz que los había de alcanzar, y que quería Angela que los comunicase a sus hijas.

Con esto, se resolvió Eliseo aquella mañana en lo que siempre suele,

que es hacer en todo lo más agradable a Dios.


A la mañana del sábado de Todos Santos, se hizo el oficio cantado,

diciendo la misa y postrera lección Eliseo.

Y al tiempo del memento de la misa, vino Angela y la Virgen, y delante de Cristo crucificado hicieron proponer a Eliseo otra vez el mismo propósito de hacer la mayor voluntad de Dios,

y procurar muy de veras el estar con mucha atención a la misa, y como que me tornó a encomendar la Orden”.



EN ALABANZA DE CRISTO ... Amen!

lunes, 2 de febrero de 2009

En las manos de Dios

El 4 de octubre de 1582, habiendo transcurrido un año y 7 meses desde que Jerónimo Gracián fuera elegido Primer Provincial de los Descalzos Carmelitas, Teresa de Jesús entregaba su alma a Dios en el monasterio de Alba de Tormes. P. Gracián recibió la noticia de su fallecimiento estando en las Carmelitas Descalzas de Beas de Segura, monasterio en el que se habían encontrado por vez primera en la primavera de 1575.


Muchas cosas importantes habían pasado desde aquella primavera. Dios había unido en un destino común a Teresa de Jesús con Jerónimo Gracián, para llevar adelante la empresa fundacional que Teresa emprendiera por mandato de Dios un 24 de agosto de 1562. Es Teresa misma quien nos narra este acontecimiento de vital importancia para el Carmelo Descalzo:


“Año de 1575 en el mes de abril, estando yo en la fundación de Beas, acertó a venir allí el Maestro fray Jerónimo de la Madre de Dios Gracián, y habiéndome yo confesado con él algunas veces, aunque no teniéndole en el lugar que a otros confesores había tenido para del todo gobernarme por él, estando un día comiendo sin ningún recogimiento interior, se comenzó mi alma a suspender y recoger de suerte que pensé me quería venir algún arrobamiento, y representóseme esta visión con la brevedad ordinaria, que es como un relámpago.


Parecióme que estaba junto a mi nuestro Señor Jesucristo de la forma que Su Majestad se me suele representar, y hacia el lado derecho estaba el mismo maestro Gracián y yo al izquierdo. Tomónos el Señor las manos derechas y juntólas y díjome que éste quería tomase en su lugar mientras viviese, y que entrambos nos conformásemos en todo, porque convenía así.”


Y el 23 de mayo de aquel 1575, estando en la ermita de Santa Ana de la ciudad de Ecija, camino a la fundación de Sevilla, Teresa promete hacer todo cuanto me dijese [el P. Gracián] por toda la vida… en fin tenerle en lugar de Dios interior y exteriormente… y ya que este voto lo hacía por el Espíritu Santo obligado quedaba a darle luz para que me la diese.


Este es el inicio sobrenatural de una amistad que llenará el arco final de la existencia terrena de Teresa de Jesús.